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El futuro del trabajo comienza en la escuela

La inteligencia artificial está transformando la manera en que trabajamos y, con ella, las habilidades que necesitaremos en los próximos años. Frente a estos cambios, la educación tiene un reto que va mucho más allá de enseñar nuevas tecnologías: preparar personas capaces de aprender, adaptarse, investigar, crear y tomar decisiones en un mundo que seguirá cambiando.

La conversación sobre el futuro del trabajo suele comenzar con una pregunta: ¿qué empleos desaparecerán a causa de la inteligencia artificial?

Pero quizá hay otra que debemos hacernos primero: ¿qué necesitamos aprender para trabajar en un mundo donde las tareas, las herramientas y las profesiones están en constante cambio?

No habrá menos trabajo, pero sí trabajos diferentes

El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial estima que, hacia 2030, las transformaciones tecnológicas, económicas, ambientales y demográficas podrían generar 170 millones de nuevos empleos y desplazar 92 millones. El resultado sería un crecimiento neto de 78 millones de puestos de trabajo.

Más que imaginar un futuro sin empleo, estos datos nos hablan de un mercado laboral distinto, en el que algunas funciones perderán relevancia mientras otras crecerán y aparecerán nuevas oportunidades.

México ya está viviendo esta transformación

El cambio no es algo lejano. En México, el mercado laboral ya está modificando las habilidades que las empresas buscan.

De acuerdo con el análisis del IMCO sobre el Future of Jobs Report 2025, se espera que 40 % de las habilidades esenciales requeridas en los empleos mexicanos cambien durante los próximos cinco años. Además, 95 % de las empresas encuestadas planea adoptar herramientas de inteligencia artificial.

La tecnología, entonces, está transformando muchas de las que ya conocemos. En este momento conviene preguntarnos qué capacidades permitirán a una persona desenvolverse en distintos escenarios profesionales.

Las habilidades técnicas necesitan de las humanas

Saber utilizar nuevas herramientas será cada vez más importante. El conocimiento de inteligencia artificial y big data, las redes y la ciberseguridad o las tecnologías relacionadas con las energías renovables forman parte de las áreas que ganarán relevancia.

Pero la tecnología por sí sola no resuelve problemas. Hace falta saber interpretar información, hacer preguntas, distinguir una buena respuesta de una equivocada, colaborar con otras personas y encontrar soluciones nuevas.

Por eso, las competencias técnicas y las humanas no compiten entre sí: se necesitan.

El pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación, la resiliencia y la capacidad de adaptación serán importantes tanto para quienes trabajen directamente con tecnología como para quienes se desarrollen en áreas relacionadas con la educación, la salud, el cuidado o cualquier otra profesión que siga evolucionando.

Incluso en un escenario cada vez más automatizado, hay trabajos cuyo valor está precisamente en nuestra capacidad de acompañar, comprender, cuidar, enseñar y relacionarnos con otros.

La escuela no puede preparar para un solo trabajo

Durante mucho tiempo, la educación se entendió como una etapa que preparaba para entrar al mundo laboral. Aprendíamos determinados conocimientos, elegíamos una profesión y esperábamos que buena parte de lo aprendido nos acompañara durante nuestra vida profesional.

Hoy, esa idea necesita ampliarse.

El propio mercado laboral está reconociendo la importancia del aprendizaje continuo. El análisis del IMCO señala que 85 % de los empleadores planea mejorar las habilidades de su fuerza laboral mediante estrategias de upskilling, es decir, procesos de actualización y desarrollo de nuevas capacidades.

Si las personas tendrán que seguir aprendiendo a lo largo de su vida, la escuela tiene una tarea fundamental: ayudar a construir esa disposición desde mucho antes de que llegue el primer empleo.

Eso implica enseñar contenidos, pero también desarrollar curiosidad, autonomía, capacidad para resolver problemas y confianza para enfrentarse a aquello que todavía no conocemos.

La velocidad de la tecnología tampoco garantiza que todo lo que produce sea correcto, útil o ético. Por eso, educar para el futuro implica enseñar a utilizar las herramientas disponibles, pero, sobre todo, a decidir qué hacer con ellas.

El futuro del trabajo comienza en la escuela porque prepararse para él no significa adivinar qué profesión tendrá cada estudiante. Sino darle las herramientas para que pueda construir su propio camino, incluso cuando el mundo que lo rodea siga cambiando.

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