Autoconocimiento, confianza y pertenencia: claves para construir el futuro

Pensar en el futuro puede llenar la adolescencia de preguntas que no dejan de aparecer: ¿para qué estoy estudiando?, ¿qué puedo hacer con mi vida?, ¿cómo sé qué camino quiero tomar? ¿qué herramientas tengo para tomar estas decisiones?
En un contexto marcado por cambios, incertidumbre y múltiples posibilidades, acompañar a las juventudes también debe llevarnos a ofrecerles espacios para detenerse, conocerse y explorar aquello que pueden llegar a construir.
En su trabajo con adolescencias, una de las necesidades que Karla Huerta, de What The Future observa de manera recurrente es precisamente esa: contar con espacios para reflexionar sobre quiénes son, qué quieren y qué posibilidades tienen.
El autoconocimiento puede ser un punto de partida. Reconocer los propios talentos, capacidades e intereses permite identificar alternativas y entender que la historia de cada persona no está predeterminada y está en constante construcción.
Por eso, preparar a las juventudes para el futuro implica desarrollar herramientas que les permitan:
- Conocerse y reconocer sus fortalezas
- Explorar intereses y posibilidades
- Tomar decisiones y reflexionar sobre sus consecuencias
- Confiar en sus capacidades
- Imaginar diferentes futuros
- Convertir sus capacidades en oportunidades
Para emprender esta tarea no es suficiente el autoconocimiento, es fundamental sentirse parte de algo. Karla Huerta señala que algunas estructuras que buscan incorporar a jóvenes pueden ofrecer algo que necesitan profundamente: sentirse reconocidos, valorados y parte de una comunidad. El sentido de pertenencia puede convertirse en una dimensión importante del bienestar juvenil.
La escuela debe convertirse en uno de esos espacios. Además de enseñar contenidos, tiene la misión de que cada estudiante sea escuchado, explore quién es, encuentre referentes y descubra nuevas posibilidades.
La orientación hacia el futuro puede comenzar mucho antes de elegir una carrera. Puede empezar con preguntas sencillas, pero importantes: ¿qué me interesa?, ¿qué sé hacer?, ¿qué quiero aprender?, ¿qué problemas quiero ayudar a resolver?, ¿qué tipo de vida quiero construir?
Educar para el futuro no se reduce a decirles a las y los jóvenes qué camino deben tomar. Significa ampliar la mirada que tienen sobre sí mismos y ayudarles a reconocer que existen diferentes caminos.
Como plantea Karla, el punto de partida puede ser mirarse a sí mismos. Porque para construir un futuro, primero necesitamos saber que podemos elegir.