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Y desde la escuela, ¿qué mundo queremos construir?

Por Alejandra Carmona

Hoy vivimos las consecuencias de decisiones que durante años privilegiaron la inmediatez sobre el largo plazo: ciudades que suspenden clases por calor extremo, proyectos impulsados sin suficiente reflexión ambiental y generaciones enteras creciendo desconectadas de la naturaleza y de las consecuencias de sus decisiones.

Hay frases que se quedan en nuestra mente. Esas que aún cuando el orador deja el micrófono, ellas siguen ahí, días después, sin soltarte.

En tiempos de crisis ecológica, la escuela llega tarde

La escuché de la voz del Dr. Lasse Lipponen, académico de la Universidad de Helsinki,  el pasado 15 de abril, en un encuentro organizado por What The Future en colaboración con Hei Schools Finland, en el SAE Institute. Desde el primer momento me di cuenta de que la conversación que venía no iba a ser cómoda.

Eso me pareció exactamente lo que necesitábamos.

El Dr. Lasse parte de una premisa que parece obvia pero que pocas veces asumimos con toda su consecuencia, los fines de la educación son fundamentalmente dos: entender cómo opera el mundo y desarrollar la capacidad de cuestionarlo y transformarlo.

Desde esa lógica, la crisis climática y social que vivimos hoy no es únicamente un problema del presente: es, en parte, el resultado de la manera en que durante décadas aprendimos a relacionarnos con el mundo, con la naturaleza y con otros seres vivos. Lo que significa que la educación tuvo un papel en construir esta realidad. Y tiene la responsabilidad de transformarla.

Y ahí aparece una pregunta incómoda para todos los que trabajamos en educación: ¿Qué papel tuvo la escuela en la construcción de esa forma de relacionarnos con el mundo?

De aprender para uno mismo, a aprender para el mundo

Lo que el Dr. Lipponen propone es un desplazamiento, ir de un aprendizaje centrado únicamente en el alumno, hacia uno centrado en el mundo. Un aprendizaje que permita comprender la interdependencia profunda que existe entre las personas, las comunidades, la naturaleza y todos los seres vivos que compartimos este planeta.

Esa me parece una de las ideas más importantes que he escuchado en mucho tiempo.

Porque obliga a la escuela a ir más allá de transmitir información o preparar a los alumnos para aprobar exámenes. La lleva a formar personas capaces de preguntarse: ¿qué necesita el mundo de mí?

Esa es, en mi experiencia, la pregunta más importante que nuestros alumnos deben hacerse.

Y desde esa visión, la educación inicial se vuelve estratégica. Las relaciones que construimos con la naturaleza, los animales y el entorno que habitamos comienzan a formarse desde los primeros años de vida. Por eso la escuela llega tarde: porque muchos de esos vínculos ya están sembrados antes de que el sistema educativo formal los pueda moldear.

En Finlandia este principio orienta la educación inicial desde hace años, y me resultó profundamente inspirador verlo articulado con tanta claridad. Evitar el estrés y la competencia temprana. Promover la curiosidad y la creatividad. Fortalecer todas las capacidades de los alumnos, las académicas y las humanas. Diseñar experiencias activas donde las infancias exploren, jueguen, se mojen en la lluvia, observen y construyan una relación más consciente con el mundo que les rodea.

Porque no se trata de enseñar sostenibilidad. Se trata de vivirla.

La pregunta que importa en la evaluación

Durante la charla, el Dr. Lipponen señaló algo que sabemos pero pocas veces decimos con claridad: gran parte del mundo educativo sigue obsesionado con una sola pregunta: ¿qué aprendieron los alumnos? Y propone que esa no es la cuestión más importante. La pregunta más importante es: ¿qué son capaces de hacer con lo que aprenden? 

Hay un dato que ilustra bien su punto. Aunque Singapur ha superado a Finlandia en las evaluaciones tradicionales de secundaria, en la edición de PISA para adultos de 2024, Finlandia mantuvo el primer lugar en lectura, matemáticas y pensamiento adaptativo.

Singapur quedó cerca de 30 posiciones por debajo.

Esto quiere decir que lo que se aprende no es suficiente si olvidamos que la escuela debe sembrar las bases para un compromiso de aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Salí de ese encuentro pensando en nuestros propios sistemas de evaluación en Red Aprende. En qué preguntamos hoy y lo que todavía nos falta preguntar.

Lo que me llevo para Red Aprende

Me cuestioné y sigo pensando en el trabajo que hacemos cada día y en lo que todavía podemos construir. En cómo nuestro Programa de Escuela Socialmente Responsable está profundamente alineado con esta visión de un aprendizaje centrado en el mundo. En cómo los voluntariados, los Proyectos Escolares Comunitarios (PEC) y los huertos escolares pueden consolidarse como parte estructural de la experiencia formativa de todas las escuelas de la Red a partir del ciclo 26/27. En la importancia de fortalecer la Educación Inicial y Kinder, identificados en el Mapa Sistémico de HABLA 2024 como un punto clave para transformar la manera en que las nuevas generaciones se relacionan con su entorno. Y en la necesidad de revisar nuestros modelos de evaluación para construir sistemas más integrales: que reconozcan todas las fortalezas de los alumnos, las académicas, las humanas, las sociales y las emocionales.

Desde Grupo Educación estamos convencidos de que la forma de construir un mejor México es a través de la educación. Lo hacemos día a día en las escuelas de Red Aprende, a través de los programas de Fundaju y poniendo a HABLA al servicio de quienes trabajan por poner la educación en el centro de la conversación sobre el futuro.

Tal vez el papel más importante de la educación hoy sea formar personas capaces de transformar el mundo que existe.

Y esa es una de las conversaciones más urgentes de nuestro tiempo.

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